Fragmento de:
¿Hay algo más importante que la educación?
Javier Martínez Aldanondo,
Gerente de Gestión del Conocimiento de Catenaria
Javier Martínez Aldanondo,
Gerente de Gestión del Conocimiento de Catenaria
E D I C I Ó N - N ° 4 4 - N O V I E M B R E - 2 0 0 9
¿Tiene sentido hacer tantos esfuerzos con la web 2.0, si seguimos enseñando las mismas materias "inútiles"? ¿Cómo nos puede sorprender que nuestros alumnos no sientan absolutamente ningún interés por lo que ocurre dentro de las aulas? ¿Será que TODOS ellos son unos irresponsables? No, la culpa no es de ellos (tampoco nosotros éramos diferentes cuanto estábamos en el colegio), la culpa es nuestra.
Hacer un análisis crítico del currículum y rediseñarlo para que sea representativo de los desafíos y realidades que nos preocupan en pleno SXXI es una tarea ineludible y relativamente sencilla. Basta que decidamos qué queremos ser, qué sociedad queremos construir, qué tipo de ciudadanos deseamos para habitarla y conducirla.
Entonces, ¿Qué tienen que aprender los alumnos? La pregunta más bien es qué tienen que ser capaces de hacer para funcionar en el mundo actual porque de lo que se trata precisamente es que sean capaces de hacer y no de saber. Si colocas la palabra" saber" en esa pregunta (que deben saber los niños), lo que aparece es una lista interminable de cosas inútiles. Saber es necesario pero no suficiente.
El curriculum que tenemos no es fruto de la casualidad: Hoy no enseñamos lo que es importante sino aquello que es fácil de medir en un examen que es una atrocidad. No os quepa duda que es mucho más fácil evaluar un problema de matemáticas que la capacidad de ser empático de una persona o la creatividad de un equipo.
No hay nada más importante que la educación. Hay varias cosas imprescindibles para sobrevivir: Si no comes, obviamente te mueres. Si no duermes, está comprobado que te mueres. Pero si no te educas, también mueres. Si no eres capaz de aprender lo que significa un semáforo en rojo, si no distingues una seta venenosa de una que no lo es o si no aprendes a nadar, tienes muchas posibilidades de perder la vida. Eres lo que has aprendido y serás lo que seas capaz de aprender en el futuro. Si el mundo cambió drásticamente y nos resulta inconcebible vivir como lo hacían nuestros antepasados a comienzos del SXX, entonces debiese darnos vergüenza que nuestra educación siga anclada en esquemas propios del subdesarrollo.
Definitivamente la educación y la autoeducación de vital en todo tiempo y en todo contexto. Comparto una lectura similar, cuya finalidad es mantener la mente alerta y reflexiva.
ResponderEliminarEsto sucedió hace algunos años en una institución escolar. Un grupo de alumnos de bachillerato asumió en una de sus clases un comportamiento que estaba muy lejos de ser adecuado. La profesora reaccionó ante tal desplante:
- En qué desastre vivimos hoy! Cómo han cambiado los tiempos! Antes, en mi época no sucedían estas cosas. ¿Cuándo íbamos nosotros a faltarle de esta manera el respeto a un profesor?, ¿cuándo nos íbamos a rebelar contra nuestros padres como lo hacen muchos de ustedes? Nosotros teníamos valores, éramos más rectos. La juventud de ahora no tiene valores, ha perdido su disgnidad. Basta ver las formas en las que se expresan, en cómo visten... Observen el color con que pintan sus cabellos, los aretes que traen...! Y ni hablar de sus comportamientos sexuales..., han perdido el pudor!
En esas estaba cuando un alumno pidió la palabra y señaló:
-Profesora, ¿me permite una pregunta?
- Sí- respondió, sin reponerse aún de su larga exposición.
-Se ustedes eran tan justos, rectos, morales, dignos; si tenían tantos valores; si asumían comportamientos tan respetuosos, entonces ¿por qué nos dejaron este mundo de injusticia, de arbitrariedad, de corrupción, de crisis ecológica, de dobles discursos, de guerras que firman los viejos y en las que pelean los jóvenes?, ¿por qué? Paso a informarle que este mundo en que vivimos no lo hicimos mis compañeros y yo. Así lo encontramos, así nos lo están entregando...
Tomado de: Mendive, Gerardo. La educación familiar y sus desafíos, Paidós, 2005, p. 54